Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. (Is 44:2)

Hay una lucha diaria en el creyente al respecto del mundo y sus aflicciones. Constantemente nos enfrentamos a diversas circunstancias que ponen a prueba nuestra fe y paciencia, pero en cada una de ellas podemos siempre acudir a Su Palabra y encontrar consuelo.

Dos verdades quedan claras en este bello recordatorio de la protección del Señor:


Es un hecho que pasaremos por pruebas y tribulaciones.

Nuestra fe ha de ser probada, seremos necesariamente expuestos a la bienaventuranza del sufrimiento en diversas áreas y a la disciplina del Señor.

Uno de las enseñanzas del falso evangelio es que el creyente debe vivir siempre una vida de victoria, que si está en Cristo tendrá éxito, que por ser hijo de Dios no va a pasar por calamidad; pero eso es una mentira flagrante toda vez que la Biblia no enseña eso; todo lo contrario, el Señor advirtió que nosotros seríamos aborrecidos del mundo (Jun 15:18), que seríamos perseguidos (Mt 5:11) y que era necesario que a través de diversas pruebas entráramos al reino de Dios (Hec 14:22).

Esa es la realidad del creyente; seremos probados y lo seremos en diversas formas (St 1:2).

El Señor ha prometido estar con nosotros

Estas es la segunda verdad que extraemos de este pasaje, y por muy contradictorio que parezca, las pruebas no traerán daño consigo, sino como resultado un carácter probado y la Gloria al Señor por su ayuda.

El Señor utiliza las tribulaciones como un medio de gracia, a fin de conformarnos a su imagen, quitar de nosotros ciertos pecados  e incluso disciplinarnos.

En un verdadero creyente ser atribulados traerá consigo crecimiento pero en alguien que no está cimentado puede ser catastrófico.

Es como si pensáramos en el sol para una planta. Jesús hablando de la parábola del sembrador dijo que algunos creyentes son como sembrados en pedregales, que cuando sale el sol se queman y se mueren, y explicando la parábola dijo que el sol era las pruebas y las aflicciones (Mt 13:21). Es decir; lo que debería ser una bendición para la planta, pues es la fuente de energía para producir alimento,  termina convirtiéndose en su destrucción porque no tiene una raíz profunda.

Así pasa con las pruebas en nosotros; el Señor ha prometido que pasaremos en medio de ellas y que no nos harán daño si realmente estamos en el Señor, sino todo lo contrario, serán para nuestro beneficio.

Hermanos, podemos tener por sumo gozo cuando nos encontremos en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de nuestra fe produce paciencia. (Stg 1:3).

Quiera el Señor ayudarte hoy en cualquier situación que puedas estar atravesando, y que en medio de ellas puedas confiar en su gracia y la manera en que cuida de ti.

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