Te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones (File v10)

La Biblia nos recomienda anunciar el Evangelio a toda criatura y también nos urge a hacerlo a tiempo y fuera de tiempo.

Pablo había sido llevado preso por causa del Evangelio a Roma junto con algunos de sus colaboradores, pero tal encarcelamiento no fue un impedimento para continuar con la apasionante tarea de anunciar a Cristo, después de todo, la Palabra no está presa.

Es en medio de estas circunstancias que Onésimo, un esclavo que había escapado de la casa de su amo después de, aparentemente, haberle robado, es puesto por Dios en el camino del Apóstol. La Biblia no deja muy claro cuál es la razón de esta divina coincidencia, pero lo que si vemos es precisamente la intervención de Dios en favor de este esclavo fugitivo para salvación.

Nada es circunstancial

Cuando nosotros estamos convencidos del poder del Evangelio para salvar, entendemos la urgencia de proclamarlo, sabiendo esto, que Dios hará que su semilla brote aún cuando a nosotros nos parezca imposible.

Por otro lado, nunca sabemos el propósito por el cual Dios nos pone en diversas circunstancias. En ocasiones tardamos demasiado en una fila de banco, pasamos más tiempo que el indicado esperando por alguien o cualquier otra, no debemos nosotros recriminar por eso y más bien verlo como una oportunidad para presentar el Evangelio a alguien.

Me gusta pensar en la historia de Pablo cuando estaba siendo transportado a Roma para apelar ante Cesar (Hec 27), peor una fuerte tormenta comenzó a despedazar la nave y después de naufragar durante varias semanas sin comida y al borde de la muerte, llegaron a una Isla llamada Malta donde Dios mostró su poder y muchos en esa Isla creyeron al Dios de Pablo.

Parecía que no había propósito alguno en esa situación, pero el Señor la usó para salvar soberanamente a muchos hombre que de otra manera no habrían sido salvados.

Debemos ser sensibles a la soberanía de Dios y entender la manera en que él ordena todo para que porclamemos siempre el evangelio.

Toda situación y circunstancia, por muy desapremiante que parezca, es una buena oportunidad para anunciar a Cristo. Esa es la manera en que a Él le ha plácido salvar al perdido; por medio de la locura de la predicación, por tanto no rehusemos a ser pregoneros de su soberano llamado.

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