La mujer es una creación de Dios cuya vocación inicial la define la Escritura como ser ayuda ideal para el hombre (Gn.2:20 y ss.). Dentro del plan divino hay muchas actividades importantes que la mujer realiza según se lo permitan sus labores principales. Es vista en la Biblia como evangelista y discipuladora (Priscila y Febe), y como trabajadora artesana (Éx. 35.25; Rt.2.7), comerciante (Lidia), costurera (Dorcas) y otras vocaciones laborales. Y aunque en una circunstancia altamente penosa, también es hallada como gobernante civil (Débora).

Pero en este artículo nos concentraremos en averigüar la relación de la mujer con la educación cristiana. Vamos a analizar la cuestión desde tres áreas:

  1. El tipo de enseñanza que pueden o no dar las mujeres;
  2. Los sujetos de esta enseñanza; y
  3. La sujeción de la mujer y su enseñanza.

Para hacer más fácil y ágil la comprensión de este artículo colocaremos a manera de preguntas los anteriores temas a tratar.

¿Pueden enseñar las mujeres?

En la Biblia no existe ningún versículo que prohiba a las mujeres enseñar de manera absoluta. Les está prohibido enseñar ejerciendo el oficio pastoral que es exclusivo de los hombres según los requisitos en 1 Ti.3:1–7. Es en este sentido que deben callar en las asambleas solemnes de acuerdo a 1 Ti.2:11–15. Salvo esta excepción, la mujer puede y debe enseñar como veremos más adelante.

Hallamos un claro ejemplo de mujeres enseñando en el caso de Priscila que junto a su esposo Aquila enseñaron a Apolos (Hch.18:24–26). También en el caso de Loida y Eunice que enseñaron a Timoteo (2 Ti.1.5;3.14). Dice Juan Calvino en su comentario a 2 Timoteo lo que sigue:

Por consiguiente, pone delante de él a su abuela Loida y a su madre Eunice, por quienes había sido educado desde su infancia en tal forma que, por decirlo así, se nutrió de la piedad al mismo tiempo que de la leche materna.

Están además el caso de las ancianas, «maestras del bien», a quienes el apóstol Pablo ordenó enseñar a las mujeres más jóvenes (Tito 2:3–5). La enseñanza de la templanza y la prudencia en el matrimonio y el hogar eran necesarias para que el Evangelio no fuera blasfemado.

Como corolario de estas cosas se halla el mandato de Jesús conocido como la Gran Comisión en el que se instruye a ir y hacer «discípulos de todas las naciones…enseñen a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les he dado» (Mt.28:19–20). Aunque el texto dice que esto fue dicho “a los once” (v.16) este llamado la Iglesia siempre lo ha entendido como propio de hombres y mujeres en lo que toca a la propagación general del Evangelio.

¿Qué pueden enseñar las mujeres?

Una vez que concluimos bíblicamente que las mujeres pueden enseñar (con excepción de lo concerniente a la autoridad del oficio pastoral y las asambleas solemnes) nos toca dilucidar qué es lo que pueden transmitir a otros.

De acuerdo con los textos citados en el apartado anterior, las mujeres pueden enseñar “[todo lo concerniente al] camino de Dios con aún más precisión” (Hch.18.26) como ocurrió con Priscila en compañía de su esposo.

También pueden enseñar todo lo relacionado a la “fe sincera” de la que estuvieron llenas Loida y Eunice (2 Ti.1.5), cosas “que son verdad”(2 Ti.3.14) y dignas de confianza: “las Sagradas Escrituras” (v.15). El Consejo de Dios.

Además pueden y deben enseñar cómo ser piadosas en el hogar, cuidar a sus hijos, honrar y someterse al esposo y ser puras y santas en su andar diario (Tito 2:3–5). Cuidar en todo no deshonrar la Palabra de Dios.

No hay en la Biblia ninguna clase de doctrina, enseñanza, principio o regla de fe que esté prohibido para la mujer enseñar. Ni la Cristología, ni la Soteriología, Angelología, Escatología, Hamartología, Pneumatología, ni la doctrina de las Escrituras, entre otras áreas, está vetada para la enseñanza de la mujer. Seguro que Priscila no evitó hablar de algún tema específico para enseñar a Apolos sino todo lo necesario para que perfeccionase su conocimiento de Dios. Claro, a la par de Aquila.

Afirmar, por ende, que la enseñanza de la Teología está vetada para la mujer es un error. No solo por lo que se acaba de demostrar- que Dios no prohíbe tal cosa- sino porque no existe una enseñanza cristiana en que no requiera elaboración teológica.

No existe una enseñanza cristiana en la que no exista elaboración teológica.

Aún suponiendo, como lo hacen algunos, que la mujer solo deba enseñar sobre asuntos de santidad práctica en el hogar, esos temas son imposibles de comunicar sin la explicación de principios teológicos como la soberanía de Dios, la impecabilidad de Cristo, la santidad de la Trinidad, su omnipotencia y trascendencia, y sin referencia a la suficiencia de las Escrituras, su inspiración e inerrancia, entre otros tópicos​ bíblicos y teológicos.

Quizá la confusión estribe en que algunos entiendan que el oficio pastoral tiene el monopolio de la enseñanza teológica, o que son por definición la misma cosa (Pastorado/Enseñanza teológica). Aunque es cierto que los pastores son la autoridad en la Iglesia en temas de este orden también es verdad que la doctrina bíblica es un regalo de Dios no solo para el pastor sino para todos los hermanos- hombres y mujeres- de la congregación (Cfr.Col.3.16). Por último, la enseñanza bíblica y teológica no necesariamente debe estar sistematizada para ser tal.

Por otro lado, que Pastorado/Enseñanza son cosas que a menudo van juntas pero no siempre, se demuestra en que en la Iglesia hay maestros que no son pastores. «Pastorear» implica la enseñanza teológica pero no porque sea un elemento exclusivo de esta sino porque la enseñanza que da el pastor trae aparejada la sanción de su oficio. No ocurre así con la doctrina que imparte un discipulador en la iglesia -hombre o mujer- que no es pastor. Aunque puede ser dicha dirección espiritual casi idéntica que la que imparte el pastor, para efectos de la administración de los dones dentro del Cuerpo de Cristo entendemos que no se está “pastoreando” porque el oficio no se realiza en la persona. Pastorear no solo es enseñar sino también ejercer disciplina eclesiástica y administrar los sacramentos. ¿Eran Eunice, Loida, Priscila y las ancianas de Éfeso mujeres que «paatoreaban» al enseñar? No en el sentido judicial del término. ¿Administraban los sacramentos, ejercían disciplina eclesiástica y presidían las asambleas solemnes? Tampoco.

¿A quiénes pueden enseñar las mujeres?

En la Palabra de Dios las mujeres enseñan a los niños como el caso de Loida e Eunice (1 Ti.1.5), a las mujeres jóvenes como las ancianas de Éfeso (Tito 2:3–5) y aún a los hombres adultos como ocurrió con Priscila -y su esposo Aquila- respecto a Apolos (Hch.18:24–26).

Este último caso parece desafiar la orden apostólica de 1 Ti.2:11–12 que dice que “las mujeres deben aprender en silencio y sumisión. Yo no les permito a las mujeres que les enseñen a los hombres ni que tengan autoridad sobre ellos…”. Empero, Lucas registra el hecho como una obra de Dios que convino a los intereses eternos del Reino.

Se puede superar esta dificultad si recordamos el sencillo hecho que ya hemos referido: las mujeres al enseñar no realizan el oficio pastoral ni conlleva su enseñanza la sanción eclesiástica. Pablo refiere específicamente aquí las asambleas solemnes y el rigor de la autoridad de los presbíteros. Las mujeres cuando enseñan lícitamente a los niños, a los jóvenes y aun a los varones adultos lo hacen desde la piedad y el llamado que Dios hace a su pueblo de comunicar su mensaje, en la forma y lugar que las Escrituras no les prohíben actualizar.

¿A quiénes​ está sujeta la enseñanza de las mujeres?

Una vez que los apóstoles murieron los pastores quedaron a cargo de las iglesias como autoridad terrenal, siempre guiados sobre el fundamento que dejaron aquellos (Ef.2.20). Desde entonces todos los ministerios eclesiásticos se hallan bajo la autoridad pastoral.

De este modo, las mujeres que enseñan y discipulan deben estar sujetas -como el resto de la Iglesia- a sus pastores. En 1 P.5:1–4 se lee que los pastores o ancianos (πρεσβυτερους) son los que cuidan del rebaño, que no deben abusar de su autoridad (κατακυριευοντες) y que deben guiarlos con su buen ejemplo.

Así que ninguna mujer -ni tampoco ningún hombre- debe operar un ministerio en la Iglesia sin la sujeción pastoral.


Nancy Guthrie es un ejemplo extraordinario de lo que Dios puede hacer por medio de una mujer docente. Es una de las invitadas preferidas del ministerio reformado de White Horse Inn a cargo del Dr. Michael Horton. Ella ilustra que la mujer puede participar de todos los ministerios de la Iglesia siempre y cuando no transgreda la orden apostólica y ejerzan autoridad pastoral judicial sobre la grey. Del mismo modo Nöel Piper y Susan Hunt, entre otras, son mujeres que han hablado, escrito y enseñado a la Iglesia de forma eficaz.

Un vistazo a las redes sociales también abonará a la conveniencia de que más mujeres se preparen y enseñen las verdades del Evangelio. El ministerio de Lumbrera en redes alberga más de 37,000 seguidores en Facebook y es precedido por una mujer que lleva años comunicando recursos, artículos y material audiovisual que permiten tener una mejor comprensión de la Palabra de Dios. Otras cuentas en Twitter y blogs pueden también ser mencionadas: mujeres que enseñan, corrigen y alientan a vivir una vida más vibrante en la fe.

Gloria a Dios por todas nuestras hermanas que buscan servir a Dios enseñando su Palabra correctamente en cada ocasión que les es posible.


Este artículo fue publicado por Juan Paulo Martínez originalmente en Medium y es re-publicado aquí con permisos del autor.

6 Comentarios

  1. Excelente artículo. Gracias hermano por si aclaración. La mujer es parte del pueblo de Dios y como tal debe esforzarse en conocerlo para llevar a cabo la obra que El le encomendó: ser ayuda idónea en todas las esferas donde el Señor la coloque.

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