una perspectiva pentecostal sobre la sanación divina

¿Cómo?

He bromeado con Jacobis sobre el nombre de su blog. Se llama “El Evangelio & Nada Más”, pero incluye contenido mucho más amplio que el evangelio. Es obvio que debemos entender el nombre en el espíritu de Pablo, cuando dijo que “me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado” (1 Co 2:2). Pablo quiso centrar todo en el evangelio incluso cuando habló de las finanzas o la disciplina bíblica o sus viajes. Entendido.

Pero ahora surge la pregunta, ¿por qué escribo un artículo sobre una perspectiva pentecostal cuando este blog obviamente no sigue esa corriente?

La respuesta es sencilla. Los autores en este blog queremos promover un cristianismo bíblico. Creemos en la Iglesia universal de Cristo, su cuerpo. Así que, si vemos una perspectiva bíblica en un movimiento cristiano diferente  al nuestro, vamos a celebrarlo.

Actualmente estoy cursando un programa de maestría en la Universidad de Birmingham en Inglaterra en el programa de Estudios Evangélicos y Carismáticos por distancia. Lo confieso: a veces me siento como un pez fuera del agua en el programa, pero estoy aprendiendo y quería compartir algo bonito sobre la sanación divina desde una perspectiva pentecostal [Nota: uso el término pentecostal para referirme a los grupos que usan el “evangelio completo” como centro de su teología: Jesús como salvador, santificador, bautizador con el Espíritu, sanador y rey venidero; Asambleas de Dios o la Iglesia Cuadrangular son dos ejemplos de iglesias pentecostales trinitarias].

El lado oscuro de la oración por sanación

En este artículo quiero explicar la perspectiva compartida por Shane Clifton en su artículo “The Dark Side of Prayer for Healing: Toward a Theology of Well-Being” [El lado oscuro de la oración por sanación: hacia una teología de bienestar] en la revista Pneuma 36 (2014): 204-225.

El autor, el decano de teología de Alphacrucis College en Syndey, Australia, sufrió un accidente en bicicleta el 7 de octubre, 2010, que tristemente lo dejó cuadripléjico.

Clifton escribe sobre la frustración de tener una discapacidad y escuchar que es la culpa de un demonio, de un pecado suyo o de una falta de fe. Comparte el testimonio de Lee-Anne, una mujer que sufría de escoliosis desde su nacimiento:

«Yo visité una pequeña iglesia una vez y el pastor me preguntó si podría orar por mí. Le dije, “Claro, ¿por qué no?” Más de quince personas me rodearon, tratando de sacar [demonios] de mí y diciéndome que me arrepintiera y que fuera sanada. Dos de las mujeres y uno de los hombres literalmente me agarraron por los brazos y me obligaron a pararme. Resulté tener los bíceps con moretones por tres semanas y me lastimaron los músculos de la espalda al tratar de enderezarme. El tratamiento de ellos se demoró 15 minutos y cada vez que grité que me soltaran, me devolvieron el grito diciendo que se callara el “demonio”» (p. 207; todas las traducciones son mías).

Aunque Clifton cree que Dios puede hacer milagros, también cree que la forma pentecostal de entender la sanación divina debe cambiar. Algunos pentecostales creen que cualquier enfermedad es de Satanás y que todo cristiano debe gozar de perfecta salud. Después de seis años de vivir como cuadripléjico, Clifton está en desacuerdo.

Correcciones sobre la sanación

Él aconseja a sus lectores pentecostales a cambiar algunos puntos de su entendimiento de la sanación divina:

Primero, dice que los pentecostales deben aceptar que la sanación divina no es muy común y que “las lesiones, el sufrimiento y la discapacidad hacen parte de la vida” (p. 213). Creo que es apropiado aquí citar al apóstol Pablo cuando habla de la  creación bajo los efectos de la caída: Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no sólo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo (Ro 8:22-23).

También argumenta Clifton que “la forma en que los pentecostales predican y oran por sanación impacta negativamente a las personas no sanadas, especialmente las que viven con una discapacidad” (p. 213). Clifton corrige el error de creer que la voluntad de Dios es siempre la sanación en esta vida. Muchos pentecostales creen que la expiación provee para la sanación física. Estoy de acuerdo, pero la pregunta es, ¿en qué momento gozaremos de esa sanación física? Bíblicamente no la recibimos en plenitud hasta la resurrección. El enfoque del cristiano debe ser el de las cosas de arriba, las de la nueva Jerusalén, en donde: “Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron” (Apc 21:4).

Clifton ofrece una perspectiva sabia cuando expresa la necesidad más grande con las discapacidades: no es encontrar la “cura” física, sino que la persona goce de un “bienestar” integral (p. 217). La meta de las iglesias debe ser la de “crear comunidades que acepten a los que viven con lesiones y discapacidades de larga duración y ayudarles a florecer” (p. 218). En otras palabras, debemos amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Él dice que “la sanación nunca ha sido (o no debía haber sido) la prioridad del Evangelio Completo pentecostal, sino más bien la oración era un medio para conectar a las personas a Jesús, quien ofrece plenitud de vida” (p. 221). De esta forma, Clifton pide a los pentecostales enfocarse en la meta de dar fruto a largo plazo en vez de centrarse en “espectáculos” de milagros. Deben enfocarse en producir el fruto del Espíritu más que en buscar el uso de los dones carismáticos (p. 221).

No soy pentecostal, pero aprecio mucho esta perspectiva de Clifton porque puede ayudar a muchos a centrarse más en Jesús y en su evangelio. Ese es nuestro deseo en este blog. Finalmente, todo se trata de Jesús y de su evangelio y nada más.

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