Hay muchas formas en que las personas suelen medir la vitalidad de una iglesia local. Algunos consideran la cantidad de personas que asisten, la cantidad de programas que la iglesia desarrolla, su prosperidad económica y hasta la emotividad con que las personas asisten a los servicios. Y aunque estas cosas pudieran llegar a tener cierto valor, hay otros elementos que son indispensables para medir la vida de una iglesia y uno de ellos es la oración.

Por supuesto, cuando me refiero a vida, estoy hablando de madurez y espiritualidad más que de solo actividad. Una iglesia puede tener mucha actividad y aun así estar muerta espiritualmente.

Cuando revisamos lo que hacía que la iglesia del primer siglo fuera una iglesia llena de vida, encontramos que ellos enseñaban doctrina, tenían comunión unos con otros y, sobre todo, oraban (Hec 2:42). La oración corporativa es una de las marcas esenciales de una iglesia verdadera. Ella es siempre el resultado del deseo por Cristo de y una comunión con él.

Lamentablemente muchas iglesias han descuidado el valor de este tipo de oración. Los creyentes parecen amar cada vez más las conferencias y estudios bíblicos, y no me malinterprete, no hay nada de malo en eso, el problema está cuando no se muestra el mismo entusiasmo para las reuniones de oración, si es que las tienen.

A continuación mencionaré algunos beneficios de tener por lo menos un servicio de oración a la semana como iglesia reunida.

Tener el culto de oración

Si. Así es. El solo hecho de poder reunir a la iglesia un día a la semana ya es provechoso.

El ritmo de vida de las personas es cada vez más vertiginoso. Las ocupaciones, labores y quehaceres parece que han vuelto a los hombres en máquinas programadas contra el tiempo.

Difícilmente se asumen compromisos corporativos tocantes a la oración. Esa es una de las razones por las cuales los servicios de oración no son tan concurridos como un domingo por la mañana (note que digo “una de las razones” no la principal) de modo que las iglesias que logran reunir a los hermanos al menos una vez a la semana para orar deben ocuparse en aprovechar ese tiempo y dar gracias al Señor por tenerlo.

Una iglesia que ora, produce creyentes que oran

Pudiéramos pensar que funciona al revés; si hay creyentes que oran, la iglesia ora; sin embargo, la iglesia es el lugar donde los creyentes son ejercitados en la oración que luego sigue creciendo en las casas, en sus altares personales.

La oración individual suele ser un ejercicio difícil; pero cuando las personas pueden apreciar el servicio de oración, ellos crecerán al mismo tiempo en su propia devoción personal.

Es cierto que cada creyente es responsable de su espiritualidad y no puede alguien que no ora culpar a la iglesia por no motivarlo, pero ese es precisamente uno de los beneficios de reunirse para orar, poder servir de motivación y ánimo a los hermanos que por alguna razón tienen luchas para hacerlo de manera individual.

Recuerdo, siendo un recién convertido, era muy difícil para mí orar porque no sabía cómo hacerlo ni que palabras o tono usar, pero escuchar a otros hermanos hacerlo al frente fue creando no solo una motivación sino un modelo. Creo que eso es un gran beneficio para la iglesia.

Entendimiento corporativo de la soberanía de Dios

Sé que esa expresión suena extraña pero déjeme ilustrar a qué me refiero. Un tiempo atrás nuestra iglesia había programado una conferencia con un hermano invitado de otro país. Durante cerca de dos meses la iglesia oró en cada servicio, especialmente en el servicio de oración, por dicho propósito, el día indicado llegó y nuestro invitado ni siquiera pudo salir de su país; pero había una sola expresión en los labios de los hermanos de nuestra iglesia: —Oh, Dios es soberano, él ha escuchado nuestra oración y ha hecho como ha querido— la iglesia entendió “corporativamente” que Dios había actuado en su soberanía.

Ahora, usted dirá, —Pero ellos pudieron llegar a esa conclusión sin orar tanto— eso es cierto, pero cuando oramos y Dios contesta siempre hay una sensación de quietud y mayor certeza de que no fue algo fortuito.

Las iglesias hacen muchos planes que luego fracasan, nunca oran unidos por dichos planes y los resultados no siempre son los mejores en sus miembros. Algunos dividen sus pensamientos en que debió hacerse de otra manera, o quizás que debieron planearse otras cosas; pero no descansan, como iglesia, en la soberanía del Señor.

Fortalece la unidad

La práctica de la oración en la iglesia es un gran elemento de unidad. Santiago dijo, hablando de los hermanos que estaban enfermos, orad unos por otros para que seáis sanados, también Pablo en Gálatas 6:2 sobrellevad los unos las cargas de los otros.

Cuando los hermanos dan a conocer sus peticiones en el servicio de oración y todos comenzamos a orar por esa petición siempre hay una identificación con la causa del hermano por el que se ora.

Para algunas iglesias recolectar las peticiones de todos los hermanos debe ser una tarea ardua y más orar por cada una, pero siempre pueden darse a conocer algunas a la iglesia y orar particularmente por ellas.

Pablo escribió lo siguiente: por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios con toda oración y suplica (Fil 4:6) está recomendación no sólo es útil para nuestra oración personal sino mucho más parar la oración como iglesia.

He sido confortado muchas veces por las peticiones de algunos hermanos las cuales en ocasiones suelen ser mucho más grandes y graves que las mías, de modo que al momento de interceder por dichas peticiones cobro ánimo acerca de mi propia aflicción.

Dios contesta la oración de sus hijos

Esto es un benéfico obvio. Oramos porque Dios oye y no solo eso, él responde.

De la misma manera en que no pasarán cosas en la vida de un creyente a menos que ore, en la iglesia hay cosas que no sucederán a menos que ésta ore.

Me gusta pensar en el episodio cuando Pedro había sido encarcelado luego de la muerte de Jacobo (Hec 12:1-2). Él estaba listo para ser ejecutado; pero la Biblia dice que la iglesia no cesaba de orar por él (Hec 12:5). Dios escuchó la oración de sus hijos. Milagrosamente un Ángel abrió la puerta de la cárcel y Pedro fue librado de la muerte. ¡Eso es maravilloso!

La iglesia que ora ve a Dios obrar. Pablo pedía a los de Éfeso que oraran por él para que se le abrieran puertas para predicar el evangelio (Ef 6:19) y no cabe duda que mucho del alcance evangelístico del Apóstol fue el resultado de esas oraciones contestadas.

¡Oh, que Dios nos llevara a orar como iglesia!

Que la misma diligencia y fervor que hay por conferencias y largas charlas teológicas sea complementado con oración corporativa. Que nuestras reuniones de oración fueran avivadas y que el Señor nos permita ver esas oraciones contestadas en la expansión del Evangelio y un gran avivamiento de salvación entre nosotros.

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