Por: Gabriel Rodríguez

El cántico de adoración: un medio de enseñanza y exhortación

Con este artículo daremos comienzo a una serie en la cual desarrollaremos el tema de la música en la adoración. Es necesario aclarar que la adoración a Dios no se limita al cántico. De las 89 referencias a la adoración en el Antiguo Testamento, 75 provienen de la palabra שָׁחָָה shakjá, que significa postrarse[1] (Gn 24.26; Éx 34.8; Jos 5.14; Job 1.20; Sal 95.6). La palabra equivalente en griego es προσκυνέω proskunéo, la cual se utiliza en 40 de las 48 menciones a la adoración en el Nuevo Testamento. Significa postrarse en homenaje[2] y se deriva de las palabras πρός pros (acercar[3]) y κύων kúon (perro[4]); la palabra lleva la idea de besar, como el perro lame la mano del amo[5] (Mt 2.11; 4.10; Jn 4.20-24; Hch 10.25-26; Ap 5.14).

Adorar, pues, es el acto interior de doblegarse delante de una persona o cosa a la que consideramos superior. Se diferencia de la alabanza, que es el acto exterior de elogiar (1 Co 4.5; 11.2, 17, 22; 1 Pe 2.14; Mt 11.25; Lc 2.13-14). El cántico de alabanza forma parte de la adoración, así también la oración, el ofrendar y cualquier otra cosa que hagamos como acto de reverencia a Dios, postrando nuestro interior delante de Él, sometiéndonos con gozo a su autoridad.

Cabe resaltar que el hecho de que nuestros labios canten a Dios no implica que estemos adorando. Podemos estar arrodillados cantando y nuestro corazón estar de pie, la adoración es un acto interno. El tema de la adoración es muy extenso, sin embargo, en este escrito nos enfocaremos específicamente en la música como parte de la adoración.

Creo firmemente que todo estudio comprometido con este tema debe comenzar definiendo el objetivo de la música cristiana. Las conclusiones a las que lleguemos en cualquier área de este tema estarán subordinadas al entendimiento que tengamos del propósito de la música como parte de la adoración.

Este es uno de los temas que más controversia y divisiones ha generado durante los últimos años, aún entre fieles estudiosos de las Escrituras, que incluso armonizan en otros temas. Algunos piensan que la música es irrelevante, que el contenido doctrinal de la letra es lo único que puede determinar si el cántico es apto o no para la adoración. Otros piensan que la música posee cualidad moral (que tiene la capacidad de transmitir un mensaje bueno o malo), independientemente de la letra. Y aun hay quienes están tan ajenos al tema, que les es suficiente con que el contenido lírico haga referencia a Dios o a algo espiritual, aunque no lleve un mensaje relevante.

Ciertamente, si no entendemos cuál es el propósito que Dios ha establecido para la música en la adoración, no tendremos una base objetiva para discernir cuál sea la lírica aceptable, ni cuál sea la música adecuada para acompañarla. Se puede ser un excelente atleta y tener un espectacular rendimiento físico, pero eso no hace de nadie un buen baloncelista. Se necesita comenzar por entender las reglas y el objetivo del baloncesto. De la misma manera, el ser un buen músico no convierte a nadie en un buen adorador; para eso es necesario entender cuáles son los parámetros y objetivos que Dios ha establecido en Su palabra.

La música cristiana se compone de un plano vertical (en dirección a Dios) y un plano horizontal (en dirección a los hermanos). Sabemos que el propósito primordial, tanto de la música cristiana como de todas las cosas, es glorificar a Dios (1 Co 10.31; 1 Pe 4.11). Pero, ¿estamos conscientes de que la música cristiana también tiene el propósito de enseñar y exhortar? Sí, ese es su plano horizontal.

“La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.”

Colosenses 3.16-

Durante esta serie desarrollaremos un breve estudio de lo que nos enseña Colosenses 3.16 con relación al rol de la música en la adoración. Este texto nos manda a que utilicemos los salmos, los himnos y los cánticos espirituales como un medio para enseñarnos y exhortarnos unos a otros en toda sabiduría, con el objetivo de que la palabra de Cristo more en abundancia en nosotros. Veamos qué implicaciones tiene esto.

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros

Lo primero que nos enseña el texto es que la palabra de Cristo es lo que debe abundar en nosotros, independientemente de nuestras opiniones o experiencias. Debemos asegurarnos de que cada palabra que cantamos esté sustentada por el fundamento de las Escrituras (Ef 2.20). Los cánticos son una herramienta que Dios nos ha dado para ayudarnos a que la palabra de Cristo more en nosotros en abundancia; es decir, que viva y se desborde en nuestro interior, que tome el control de nuestra mente y acciones, y nos mantenga alejados del pecado (Sal 119.11).

Los cánticos funcionan como un motor que nos ayuda a impulsar y retener la doctrina bíblica en nuestro interior. Sabemos que la música es un poderoso vehículo de aprendizaje y retención, esa es la razón por la que la utilizamos para enseñar materias escolares a nuestros niños. El peligro está cuando lo que cantamos en nuestra adoración no está basado en “la palabra de Cristo”, sino en experiencias personales o filosofía humana, haciendo que lo que more en abundancia en nosotros sean peligrosas subjetividades y no la objetividad de las Escrituras.

Enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría

Muchos enseñan que los cánticos nos ayudan a preparar los corazones para el mensaje, pero eso no es acorde a lo que Dios dice. Aquí el Señor nos muestra, a través del apóstol Pablo, que los cánticos tienen la función de enseñarnos y exhortarnos (regañarnos con gentileza) unos a otros, por lo que debemos entender que estos forman parte del mensaje. De la misma manera que celamos la fidelidad de lo que se predica desde el púlpito, debemos celar la fidelidad a las Escrituras del contenido de los cánticos.

Nuestros cánticos deben estar impregnados de contenido doctrinal. En ellos debemos plasmar todo el consejo de Dios; de lo contrario, no estaríamos enseñando en toda sabiduría. Hay iglesias que solo cantan sobre el amor de Dios o de la victoria sobre Satanás; tenemos mucha doctrina que cubrir y es nuestra responsabilidad ser balanceados.

Otro punto a resaltar es que Dios ha establecido que la enseñanza y exhortación por medio del cántico sea “unos a otros”. El modelo bíblico para la adoración musical no es el que se practica en muchas iglesias, donde tienen grupos de adoración que cantan mientras la iglesia es edificada escuchando, como si fuera un concierto. Dios no manda que la iglesia sea pasiva en su participación de la adoración. El modelo bíblico es el canto congregacional; “unos a otros”, cada hermano participando activamente de los cánticos. Eso no quiere decir que no pueda haber música especial, pero esta no debe predominar sobre el canto colectivo.

Concluyendo

En esta primera parte hemos visto brevemente la idea detrás de las primeras palabras de Colosenses 3.16. Hasta ahora nos hemos enfocado en el plano horizontal del cántico, en el próximo artículo hablaremos, entre otras cosas, sobre lo que tiene que decir este texto con relación al plano vertical del cántico en la adoración.

Que el Espíritu Santo nos guíe a toda verdad. ¡Bendiciones!

[1] Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario (H7812). Nashville, TN: Caribe.

[2] Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario (G4352). Nashville, TN: Caribe.

[3] Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario (G4314). Nashville, TN: Caribe.

[4] Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario (G2965). Nashville, TN: Caribe.

[5] Strong, J. (2002). Nueva concordancia Strong exhaustiva: Diccionario (G4352). Nashville, TN: Caribe.

Dejar respuesta