Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios, y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios. Hechos 7:55-56

Vivimos en un mundo que ve el sufrimiento como el peor estado al que pudiera llegar una persona, de hecho, tratamos de evitarlo de muchas maneras, pero ¿ cómo debemos ver el sufrimiento los que hemos conocido a Dios? La sola pregunta plantea que hay otra alternativa contraria al abatimiento detrás de cada cosa que padecemos. El pasaje que hemos considerado, nos habla de uno de los relatos más heroicos del nuevo testamento.

Esteban, un miembro de la iglesia naciente en una expresión sin precedentes de valentía y denuedo, hace defensa de la fe cristiana, así como de Cristo mismo, todo esto, frente a un grupo de enardecidos líderes religiosos dispuestos a llevar la situación hasta la última de las consecuencias, como ciertamente lo determinaron: matarlo a pedradas. ¡Cuánto que aprender hay en este relato! Que si bien, se trata de un hecho histórico, deja sin embargo, indicios de lo que pudiera ser la forma de ver acertadanente nuestros padecimientos, no sólo es un ejemplo, sino una gran enseñanza esencial.

Veamos cómo el relato de la muerte de este primer mártir, nos deja ver la íntima y gloriosa relación que hay entre el evangelio y los padecimientos en los creyentes.

La llenura del Espíritu Santo es Necesaria

No cabe duda que sin la presencia activa del Espíritu Santo, los sufrimientos no serían más que torturas o castigos que considersriamos inmerecidos. El Apóstol Pablo menciona un rasgo importante de la llenura del Espíritu Santo en Galatas 5: la paciencia; la capacidad de soportar confiados en una pronta salida. Esteban había experimentado esta llenura junto a muchos otros discípulos, y ahora, estaba a punto de evidenciarla en su máximo esplendor, resistiendo hasta el final las amenazas de muerte, sabiendo que pronto estaría con su salvador.

Puestos los ojos en Cristo y sus padecimientos

Cuando padecemos solemos mirar desesperados a todos los lugares buscando alguien que pueda darnos una explicación, ayudarnos, o en el peor de los casos, alguien a quien culpar, sin embargo, todo creyente de buscar y mirar al Señor en medio de sus padecimientos.

Es en el mismo contexto de la disciplina y los padecimientos, que él autor de Hebreos nos llama a tener los ojos puestos en Cristo, el autor y consumidor de la fe (Heb 12:1-2)

Al ver a Cristo, la cruz, el evangelio, nuestras almas cobran aliento y animo, recordamos sus padecimientos por nuestra causa y descansamos al ver nuestras propias aflicciones como pequeñas y aún con un motivo real: identificarnos con Él y ser semejantes a Él en sus padecimientos y más aún en su misma muerte.

Puestos los ojos en Cristo y su Gloria

Oh! Qué grande gozo debía sobrecoger a Esteban al ver a aquél que había sufrido tan grades padecimientos, ahora sentado a la diestra de Dios. Cuando los creyentes sufren, no lo hacen sin esperanza, no es una experiencia masoquista, como dirian algunos, lo hacen confiados en que de la misma manera que los sufrimientos del Señor abundaron en frutos, así también lo será en sus propias vidas el padecer.

Podemos tener confianza en el Señor, de que nuestros padecimientos no son en vano, pues ellos nos identifican con él y además, nos permiten contemplar cuanto fruto producen dichos padecimientos.

Algunos pueden ver como a través de la disciplina, Dios moldea áreas de su carácter, otros pueden hacerse más sensibles a las cosas espirituales y Eternas y otros como Esteban, anhelarán estar para siempre con el Señor.

Quiera el Señor ayudarnos a verle en medio de nuestros padecimientos, contemplar su sufrimiento y cobrar animo, al mismo tiempo que contemplar su victoria y alimentar así nuestra esperanza.

El evangelio es esencial en nuestra vida; no sólo es el mensaje que produjo convicción y arrepentimiento en nuestros corazones, sino el mensaje que nos ayuda a lo largo de este peregrinaje, a confiar siempre en él y a tener esperanza

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