Nota del editor: Este es el tercer artículo de la serie: un análisis del pentecostalismo unicitario. El trabajo está escrito originalmente en inglés por Fred Sanders y traducido por el equipo de El Evangelio y Nada Más. 
Leer la primera parte | Leer la segunda parte

Exégesis torturada vs. la presuposición de preexistencia

Una doctrina como “la eterna preexistencia del Hijo” puede parecer como un trabalenguas, o un avanzado tema teológico abstracto. De por sí, puede parecer una cosa muy débil y especulativa para servir como excusa para rehusarle la comunión cristiana a un grupo. Pero de hecho la idea contenida en “la eterna preexistencia del Hijo” es bastante sencilla, y es seguramente la presuposición implícita que los cristianos creyentes en la Biblia siempre han tenido en mente al leer la Escritura.

Cuando un cristiano sin entrenamiento teológico lee la apertura del Evangelio de Juan, “En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios. Éste estaba en el principio con Dios y todas las cosas por medio de él fueron hechas […] Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros […]” (RVR1995), ¿qué es lo que  probablemente piense salvo que alguien llamado el Verbo siempre era Dios y estaba con Dios y después se encarnó? Él estaría en lo correcto en pensar así, porque estaría instintivamente haciéndole a su monoteísmo el mismo ajuste que los apóstoles y los padres de la Iglesia hicieron a la luz de la revelación de Cristo como Dios. Los creyentes unicitarios, al haber rechazado la obvia deducción de la eternidad del Hijo, deben trabajar más arduamente con este versículo, interpretándolo para que signifique algo como “Dios siempre tuvo un plan para encarnarse, desde el principio cuando creó, y finalmente Él llevó a cabo ese plan”.

Pero note lo que sucede cuando el Hijo eterno (el Verbo que era Dios) es sustraído: el plan de Dios para hacerse carne (su “Verbo” o logos) ahora debe ser aquella cosa que Juan llama “aquel que estaba con Dios y era Dios”. ¿Realmente querríamos afirmar que el plan de Dios de hacerse carne es Dios en Sí mismo? En la enseñanza de Juan, debe haber algo o alguien que “estaba con Dios, y era Dios” en el principio. Para los cristianos trinitarios, ese algo o alguien es Jesús el Verbo eterno, sobre cuyo ministerio encarnado narra el resto del evangelio según Juan

La preexistencia es también la mejor forma de darle sentido a ese famoso pasaje en Filipenses 2, en el cual Pablo exhorta sus lectores a que “haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo […]” (RVR 1960). Sin duda parece que antes de la encarnación, alguien que ya existía decidió tomar la forma de un siervo. De manera similar, en Gálatas Pablo dice que “cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer” (RVR1960). Aparentemente Dios tenía un Hijo para enviar. Para los pentecostales unicitarios este versículo tiene que significar, “Cuando había venido el cumplimiento del tiempo, Dios se volvió humano, y entonces como Dios hecho humano él mantuvo una relación interpersonal con Él mismo, la cual no había existido previamente”.

¿A quién o qué reveló Dios?

El pentecostalismo unicitario es una moderna forma evangélica de herejía modalista. Existen mejores o peores formas del modalismo, y la enseñanza unicitaria, a fin de cuentas, tiende hacia el lado más favorable. Las peores versiones del modalismo describen a Dios el Padre convirtiéndose en Dios el Hijo y luego en el Espíritu Santo, uno tras otro pero nunca al mismo tiempo. El pentecostalismo unicitario al menos en las manos de sus maestros más responsables, describe a Dios el Padre abordando la encarnación de tal manera que desea comenzar a existir simultáneamente en una nueva forma temporal de corporeización llamada “el Hijo”. Esto al menos tiene la virtud de guardar la apariencia de una relación interpersonal real entre el Padre y el Hijo. Sin embargo, como una forma de modalismo, la enseñanza unicitaria cae presa del problema fundamental de su herejía.

El problema fundamental de todas las formas del modalismo es este: si Dios, para revelarse a Sí mismo, se convierte en otra cosa aparte de lo que Él es, entonces no se ha revelado a Sí mismo sino que ha revelado algo diferente. En este caso, si Dios emerge de un estado de ser un ente sin diferentes modos y sin relaciones interpersonales a ser un ente con diferentes modos y con relaciones interpersonales en la historia de Jesús, entonces, no ha revelado Su verdadera identidad sin diferentes modos y sin relaciones interpersonales. En su lugar, Él ha revelado a un Dios Padre, quien tiene comunión interpersonal consigo mismo en en el modo personal del Dios encarnado, Jesucristo.

Pero de acuerdo con la teología unicitaria, esa comunión interpersonal de Padre e Hijo es precisamente lo que Él no es. Así que el Dios unipersonal intenta revelarse a Sí mismo, pero en su lugar revela un ser divino interpersonal. Los primeros cristianos reconocieron este dilema y lo resolvieron confesando que si Dios se revela a Sí mismo a nosotros al mostrarnos que tiene un Hijo, entonces Él siempre debía haber tenido un Hijo para mostrarnos en el cumplimiento del tiempo. Los modalistas, entre ellos los pentecostales unicitarios, deben encontrar la desagradable implicación de que su postura hace a Dios revelarse a Sí mismo como aquello que Él no es. Tal revelación, por su naturaleza, no puede ser cierta.

La cuestión sociológica: evangélicos, pero no cristianos

Uno de los aspectos más difíciles de reconciliar con el pentecostalismo unicitario es que estas iglesias son cultural y sociológicamente evangélicas. Tienen un alto concepto de la autoridad de las Escrituras, un corazón para la adoración, una pasión por evangelizar, y un compromiso con vivir vidas marcadas por la santidad. Aunque luchan con el legalismo, a menudo están marcadas por la gracia, y desde luego, dicen las cosas correctas acerca de la salvación por la acción unilateral de Dios de misericordia inmerecida. Enseñan, predican, cantan, dan y viven como el grupo sociológico que reconocemos como “cristianos evangélicos”.

No obstante, dada su seria desviación doctrinal, me inclino a decir que están en la extraña posición de ser evangélicos pero no cristianos. ¿Qué quiero decir al llamarlos no cristianos? Me refiero a que es posible examinar el mundo entero y revisar dos mil años de historia cristiana y reconocer, a pesar de todas las diferencias de opinión y práctica, algo semejante a “lo cristiano”. Lo que C. S. Lewis llamó “mero cristianismo” es algo real y reconocible.

Pero “lo cristiano” es distintivamente trinitario. Desde la fórmula bautismal en la Gran Comisión misma, al Credo de los Apóstoles y el Credo Niceno, a lo largo de los siglos a través de los Reformadores y pasando por los fundamentalistas, a través de las grandes cismas que delimitaron a los católicos romanos y los creyentes ortodoxos orientales, las iglesias cristianas han sostenido que la correcta interpretación de la Biblia es la interpretación trinitaria. Al escoger una postura hacia el pentecostalismo unicitario como un movimiento, los cristianos evangélicos se encuentran a sí mismos puestos honestamente junto a los católicos romanos y los ortodoxos orientales, diciendo (en las palabras de la declaración de fe de la Asociación Nacional de Evangélicos) lo mismo que lo planteado por los teólogos nicenos: “Creemos que hay un Dios, eternamente existente en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo”.

Decir “eternamente existente” traza una aguda línea contra el pentecostalismo unicitario, una línea que comenzó su movimiento al dibujarse. El “Nuevo Asunto” del bautismo sólo en el nombre de Jesús y la doctrina unicitaria causaron que este grupo saliera de las Asambleas de Dios y se declarara separado. Tan convencidos estaban los primeros maestros unicitarios de sus distintivos y su misión, que cuando las iglesias de las Asambleas de Dios los readmitían en la comunidad, ellos inmediatamente comenzaban a hacer proselitismo y a promover el “Nuevo Asunto” en la iglesia.


Fred Sanders es teólogo sistemático con un énfasis en la doctrina de la Trinidad y profesor de Biola University. Él y su esposa Susan tienen dos hijos, Freddy y Phoebe, y son miembros de Grace Evangelical Free Church de La Mirada, California. Fred escribió este artículo en 2005 y luego se publicó en la revista Countercult Apologetics Journal en 2006. Se hizo la traducción con base en la versión publicada en Scriptorium Daily el 3 de mayo de 2014 en http://scriptoriumdaily.com/oneness-pentecostalism-an-analysis/ Ha sido traducido con el permiso del autor.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here