Para muchos, la crítica textual suena como algo para ateos, agnósticos y deístas, no como algo para nuestros amables lectores de El Evangelio y Nada Más. Pero sin darnos cuenta, todos usamos elementos de esta disciplina cada día. Cada vez que intentamos leer un mensaje en Whatsapp escrito por alguien con mala ortografía echamos mano a destrezas que tienen que ver con la crítica textual.

Para poner un ejemplo, “Espeoe verte el oteo alo”. Al leerlo, la primera reacción puede ser un “Hmmmm”, pero después de pensarlo, notamos que en el celular la tecla “e” está al lado de la “r” y la “l” al lado de la “ñ”. Ajá, lo tengo: “Espero verte el otro año”.

Inspiración, inerrancia y la crítica textual

Los errores de transcripción no son nuevos y los manuscritos hebreos y griegos de la Biblia los tienen también. Ojo, no estamos hablando de errores en la inspiración del texto bíblico. Creo firmemente en la inspiración, la infalibilidad y la inerrancia de las Escrituras en los manuscritos originales: “Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2 Ti 3:16).

En esta serie, vamos a ver cómo podemos afirmar la inerrancia de las Escrituras al mismo tiempo que reconocemos los errores en la transcripción de los manuscritos. También vamos a ver que podemos tener confianza en la Palabra de Dios. Para lograr esto, necesitamos entender las pautas básicas de la crítica textual.

Antes de seguir con esas pautas, sería importante escuchar la voz de Bart Ehrman, un estudioso no cristiano, para entender por qué este tema es fundamental:

Sin embargo, había un problema evidente en la afirmación de que la Biblia era producto de la inspiración divina en cada una de sus palabras. Como aprendimos en Moody, en uno de los primeros cursos de los estudios, en realidad no tenemos los manuscritos originales del Nuevo Testamento. Lo que poseemos son copias de esos manuscritos, copias realizadas años después, en la mayoría de los casos, muchísimos años después. Pero además, ninguna de esas copias es completamente fiel, pues los escribas encargados de hacerlas alteraron el texto en determinados lugares. Algunos cambiaron el texto sin proponérselo, otros de forma deliberada, pero la cuestión es que todos lo hicieron. Esto significa que en lugar de disponer realmente de las palabras inspiradas de los autógrafos (esto es, los originales) de la Biblia, de lo que disponemos es de copias de esos autógrafos plagadas de errores. (Jesús no dijo eso, pp. 15-16)

¿Cuál es el error de Ehrman aquí? Pues, como nota Michael J. Kruger, Ehrman considera equivalentes los autógrafos y el texto original. Como no tenemos los autógrafos no tenemos el texto original afirma Ehrman. Pero esta objeción muestra una confusión de categorías. El texto original no es algo material sino algo inmaterial, mientras que los manuscritos originales sí fueron materiales. Así que, lo importante no es tener los manuscritos originales, sino el texto original. Los cristianos conservadores que aceptan la importancia de la crítica textual creen que hay errores en los manuscritos que tenemos disponibles hoy día, pero que a pesar de esto podemos encontrar el texto original. Es decir, sí tenemos las palabras inspiradas de Dios. (Ver el artículo de Kruger)

Definición de la crítica textual

Wikipedia provee una definición general de la crítica textual (ecdótica) como “una rama de la filología que tiene por cometido editar textos de la forma más fiel posible al original o a la voluntad del autor, procurando principalmente la eliminación de errores de transcripción”. Daniel Wallace, un experto en la crítica textual del NT, la define como “la disciplina que trata de determinar el texto original de cualquier documento cuyo original ya no existe”.

En términos prácticos, si queremos seguir la Palabra de Dios tenemos que saber cuál es la Palabra de Dios. Por ejemplo, en Ro 5:1, hay dos lecturas diferentes en los manuscritos griegos del verbo principal. En algunos manuscritos dice “tenemos paz para con Dios” y en otros dice “tengamos paz para con Dios”. La diferencia es una sola letra en griego y en el primer siglo la pronunciación de las dos palabras era igual. Obviamente, hay una gran diferencia entre las dos formas y antes de explicar el significado debemos saber cuál forma usó Pablo.

Evidencia relevante para la crítica textual

Aunque la crítica textual se aplica al Antiguo Testamento también, voy a enfocarme más en el Nuevo Testamento. Esto debido a que en el AT la disciplina está menos desarrollada y yo no tengo tanto conocimiento al respecto. En el AT, se comparan el Texto Masorético, los Manuscritos del Mar Muerto, la Septuaginta (la traducción del AT al griego), la Vulgata y otras versiones en otros idiomas para tomar decisiones textuales. Las copias del AT suelen ser cuidadosamente hechas y por eso no hay tanta variación como en el NT.

Cuando llegamos al NT, hay una riqueza de evidencia, muchísima más que cualquier otro documento antiguo. Existen aproximadamente 5800 manuscritos griegos disponibles. Estos manuscritos varían en su edad, del siglo II hasta el siglo XVII. Algunos son fragmentos pequeños y otros contienen todo el NT. Los manuscritos son catalogados según el material, el propósito (en el caso de los leccionarios) o el tipo de letra que se usaron:

  • Los papiros son los fragmentos más antiguos. Se catalogan con una P en mayúscula. P52, el más antiguo, es un fragmento del evangelio según Juan que data de 125 d.C. aproximadamente.
  • Los manuscritos unciales. Estos manuscritos fueron escritos en mayúscula y se catalogan con números que comienzan con un cero o con un símbolo o letra (p. ej. א = Códice Sinaítico, B = Códice Vaticano, 0210 = un manuscrito del siglo VII). Datan del siglo IV al siglo XI. No contienen espacios.
  • Los manuscritos minúsculos. Estos fueron escritos en letra cursiva. Se catalogan con números que no comienzan con cero (p. ej. 181 = un manuscrito del siglo X). Datan del siglo IX al XVII.
  • Los leccionarios eran manuscritos que contenían lecturas bíblicas para la liturgia. Se catalogan con una “l” en cursiva antes del número (p. ej. 59 = un leccionario de Hechos y las Epístolas del siglo XII).

Es importante saber también que los escritos de los padres de la Iglesia contienen un gran porcentaje del NT en sus citas.

¿Qué hacemos con tantos manuscritos?

Cuando hay una diferencia entre los manuscritos del NT sobre el texto en cierto punto, ¿qué hacemos? ¿Cómo podemos manejar 5800 manuscritos? La regla general de la crítica textual es que debemos pesar la evidencia y no solamente contar el número de manuscritos con cierta lectura. Para entender este principio, pongamos un ejemplo hipotético:

Pablo escribe la carta de Colosenses y se la envía a la iglesia. Les dice que deben hacer que se lea en Laodicea también (Co 4:16). La carta llega a Laodicea y digamos que se hacen dos copias, una de las cuales tiene un error de trascripción en el versículo que hoy día llamaos 3:6 porque la persona que lo copió no escribió la última parte del versículo (“sobre los hijos de desobediencia”). Vamos a llamarlo “E” y la copia sin el error se llamará “C” porque contiene la frase. La copia E llega a Antioquía y se hacen tres copias más. Estas tres se llevan a otros pueblos alrededor y se hacen varias copias de cada una. Digamos que ya hay 50 copias que tienen parentesco con E. Obviamente ninguna copia contiene la frase “sobre los hijos de desobediencia”. En contraste, la copia C llega a Roma y se hacen solamente dos copias. Por una persecución en Roma, se esconden las dos copias. Ahora, para terminar nuestro ejemplo (obviamente limitado), digamos que vivimos en el siglo II y de alguna forma encontramos las 52 copias. Cuando miramos el versículo en las 52 copias, vemos lo que llamamos una “variante textual”, una diferencia entre los manuscritos que tenemos.

No vamos a entrar en detalles en este momento para explicar por qué podríamos escoger una de las dos variantes como correcta, pero creo que queda muy claro el punto principal: El hecho de que haya 50 manuscritos que no contienen la frase y solamente 2 que la contienen no es concluyente para decir que no debe estar. Tenemos que conocer la evidencia y pesarla para tomar decisiones en vez de simplemente contar manuscritos.

En la siguiente parte de esta serie seguiremos mirando las pautas básicas de la crítica textual.

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